Consultorio: «Somos principiantes en Femdom, ¿qué puedo hacerle a mi novio?»

«Mi novio y yo somos los dos bastante novatos en esto del Femdom. A mí me llama la atención probar el papel dominante, pero no tengo muy claro qué podría hacerle ni por dónde empezar. ¿Alguna idea?»

Primero: tranquila.

No necesitas despertarte mañana convertida en una dominatrix profesional, con tacones de doce centímetros, una mirada capaz de congelar el Amazonas y un máster en comportamiento de sumisos.

De hecho, si nunca has probado el Femdom, intentar interpretar a la dominatrix definitiva desde el minuto uno probablemente consiga una cosa: que acabéis los dos riéndoos como adolescentes.

Y tampoco pasa nada.

Porque el Femdom no consiste en hacer cosas cada vez más intensas. Consiste, sobre todo, en jugar con una dinámica de poder que os resulte excitante a los dos.

Y para empezar no necesitas prácticamente nada.

Salvo hablar.

Sí, ya sabemos que hablar de sexo no parece tan emocionante como algunas de las cosas que probablemente tenéis en mente. Pero es bastante más útil que comprar un látigo por internet y descubrir después que ninguno sabe qué hacer con él.

Empezad por descubrir qué os atrae

Antes de preparar vuestra primera sesión Femdom, preguntad:

¿Qué es exactamente lo que nos excita de esta dinámica?

Quizá a ti te atraiga sentir que llevas el control.

Quizá a él le excite obedecer.

Quizá os guste la idea de que tú tomes decisiones y él tenga que seguirlas.

O quizá lo que realmente os pone es la anticipación, la tensión y ese pequeño juego de «ahora mando yo».

Todo eso es Femdom.

No hace falta que aparezca ningún juguete para que exista una dinámica de poder.

El famoso semáforo

Si sois principiantes, podéis utilizar un sistema muy sencillo.

🟢 Verde: cosas que queremos probar.

🟡 Amarillo: nos da curiosidad, pero queremos hablarlo antes.

🔴 Rojo: esto no nos interesa.

Y una cosa importante: el consentimiento no desaparece porque durante el juego tú seas quien manda.

Precisamente porque estáis jugando con el poder, tenéis que saber dónde están los límites.

Podéis acordar también una palabra de seguridad que permita detener el juego inmediatamente.

Porque una cosa es que él quiera obedecerte y otra muy distinta que haya firmado un contrato de esclavitud con cláusula de permanencia.

Ahora sí: vamos a jugar

Una vez hablados los límites, empieza la parte divertida.

1. Tú decides

Durante un rato, deja que las decisiones sean tuyas.

Qué vais a hacer.

Qué música suena.

Qué vais a cenar.

Pregunta:

Dónde se sienta.

Cuándo empieza el juego.

Puede parecer una tontería.

No lo es.

La gracia está precisamente en que él sabe que esta vez no decide él.

Y tú empiezas a experimentar qué sensación te produce ocupar ese lugar.

2. Las órdenes pequeñas funcionan de maravilla

No necesitas empezar con un discurso digno de una emperatriz romana.

Prueba con cosas sencillas:

«Siéntate.»

«Espera.»

«Mírame.»

«No te muevas todavía.»

«Ahora puedes venir.»

Y observa.

No solo su reacción.

También la tuya.

Porque quizá descubras que te encanta dar órdenes.

O que te da muchísima vergüenza.

O que te gusta más provocar que mandar.

Todo eso es información útil.

3. Hazle esperar

Una de las armas más poderosas de una buena dominante es completamente gratuita:

la espera.

No tienes que hacer nada espectacular.

Puedes decirle:

«Ahora no. Espera.»

Y continuar tranquilamente con lo que estabas haciendo.

La anticipación puede ser muchísimo más divertida que intentar llenar cada segundo con algo.

Además, te permite practicar algo fundamental: sentirte cómoda teniendo el control.

4. Juega con los permisos

Puedes establecer pequeñas situaciones en las que él tenga que pedirte permiso.

Por ejemplo:

«Durante el juego, antes de hacer X, me preguntas.»

Y tú decides cuándo concederlo.

No hace falta convertir la vida cotidiana en un trámite administrativo.

No queremos que tenga que pedir autorización hasta para ir al baño.

La idea es crear una pequeña burbuja de juego donde determinadas reglas sean diferentes.

5. Prueba un personaje

Si te cuesta ser dominante siendo simplemente tú, inventad un personaje.

Puedes ser la jefa.

La profesora.

La reina.

La entrenadora.

La mujer que lleva las riendas de una situación concreta.

No hace falta disfrazarse de carnaval ni redecorar el salón como una mazmorra medieval.

A veces basta con cambiar la actitud.

Y si a los cinco minutos alguien se ríe, perfecto.

El sentido del humor también es compatible con el BDSM.

6. Puedes utilizar objetos sencillos

Si os apetece introducir algo físico, empezad por cosas fáciles de controlar.

Una venda para los ojos puede añadir mucha anticipación.

También podéis explorar accesorios BDSM diseñados específicamente para ello, pero siempre aprendiendo antes cómo utilizarlos correctamente.

Especialmente si entran en juego restricciones, dolor u otras prácticas que puedan causar lesiones: nada de improvisar porque lo habéis visto en una película o en internet.

El BDSM divertido es el que permite repetir.

7. No tienes que estar dominante las 24 horas

Otro error muy habitual:

«Si soy la dominante, tengo que mandar todo el rato.»

No.

Puedes ser dominante de una manera tranquila.

Puedes ser juguetona.

Puedes ser provocadora.

Puedes ser estricta.

Puedes disfrutar simplemente tomando determinadas decisiones.

No existe un examen oficial de dominación que tengas que aprobar.

Y tampoco tienes que imitar a ninguna dominatrix que hayas visto en internet.

Busca qué tipo de dominante eres tú.

Nuestro pequeño menú para empezar

Si necesitáis algo más concreto, podéis probar una primera sesión así:

Primero: acordáis tres reglas.

Después: tú decides cómo empieza.

Durante: él sigue pequeñas instrucciones.

Luego: introduces alguna espera o permiso.

Y al final: paráis, os relajáis y habláis.

¿Qué le ha gustado?

¿Qué te ha gustado a ti?

¿Qué os ha dado vergüenza?

¿Qué repetiríais?

¿Qué os ha despertado curiosidad?

Y esa última pregunta es especialmente importante.

Porque vuestro objetivo no es completar una lista de prácticas BDSM como quien intenta conseguir todos los cromos.

Es descubrir qué os pone a vosotros.

Y si al terminar vuestra primera experiencia pensáis:

«Vale… esto ha sido divertido. ¿Qué podríamos probar la próxima vez?»

Enhorabuena.

Ya habéis empezado.

Y sí, probablemente la próxima vez podamos subir un poquito el nivel.

Porque una vez que una ha descubierto que le gusta mandar…

Bueno.

Ya sabemos que la curiosidad puede ser muy mala consejera.

O maravillosamente buena.

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