Día Mundial de la Salud Sexual: estar sano también incluye disfrutar del sexo

Cuando hablamos de salud sexual, todavía hay quien piensa automáticamente en preservativos, infecciones de transmisión sexual y aquella charla del instituto en la que alguien colocaba un condón sobre un plátano mientras media clase intentaba no reírse. Todo eso importa.

Pero la salud sexual es bastante más que conseguir que no te pase nada malo cuando te quitas los pantalones.

También tiene que ver con poder disfrutar, conocer tu cuerpo, decidir qué quieres hacer con él, decir que no cuando algo no te apetece, pedir lo que sí te apetece y acceder a información y atención sanitaria sin sentir que están juzgándote por lo que haces en la cama.

Y precisamente de eso va el Día Mundial de la Salud Sexual, que se celebra cada 4 de septiembre desde que la World Association for Sexual Health (WAS) puso en marcha la iniciativa en 2010.

En 2026 el lema es «Every Body»

La campaña de este año tiene un nombre bastante sencillo: Every Body. Escrito deliberadamente como dos palabras.

La idea juega con un doble significado en inglés: todas las personas y todos los cuerpos. La WAS quiere recordar que la salud sexual, los derechos sexuales, la justicia sexual y el placer no deberían depender de tener determinada edad, aspecto, capacidad, orientación, identidad o estado de salud. Porque resulta curioso.

Aceptamos sin demasiada dificultad que alguien necesita cuidar su corazón a los veinte, a los cuarenta o a los setenta años. Nadie dice:

—¿Todavía tienes tensión arterial a tu edad?

Sin embargo, hablar de sexualidad cuando alguien envejece, tiene una discapacidad, atraviesa una enfermedad crónica, está embarazada, acaba de dar a luz o entra en la menopausia sigue provocando silencios bastante incómodos.

Como si el deseo tuviera una fecha de caducidad. O un determinado tipo de cuerpo.

Salud sexual no significa solamente «sexo seguro»

Evidentemente, evitar embarazos no deseados y reducir el riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS) forma parte de cuidar nuestra salud sexual. Pero quedarnos únicamente ahí sería como definir una buena alimentación diciendo que consiste en «no intoxicarse».

Nos estaríamos dejando una parte bastante importante por el camino.

Para la WAS, una buena salud sexual también implica la posibilidad de vivir experiencias sexuales seguras y placenteras, libres de coerción, discriminación y violencia. La propia organización sitúa el placer dentro del bienestar sexual, no como un extra frívolo que podemos añadir cuando ya hemos hablado de todos los asuntos serios.

Y esto cambia bastante la conversación. Porque entonces también son preguntas de salud sexual:

¿Me duele cuando tengo relaciones?

¿Puedo llegar al orgasmo?

¿Por qué ha desaparecido mi deseo?

¿Puedo disfrutar del sexo después de la menopausia?

¿Es normal que algo que antes me excitaba ya no lo haga?

¿Cómo hablo con mi pareja de una fantasía?

¿Puedo practicar BDSM de forma segura?

¿Este medicamento está afectando a mi vida sexual?

¿Necesito lubricante?

¿Me siento cómodo con mi cuerpo durante el sexo?

Son cuestiones muy distintas, pero todas tienen algo en común: afectan a cómo vivimos nuestra sexualidad.

El cuerpo que tienes también folla

Una de las cosas interesantes del lema de 2026 es precisamente que pone el cuerpo en el centro. No el cuerpo perfecto.

El cuerpo real.

El que envejece. El que cambia. El que tiene cicatrices. El que engorda y adelgaza. El que necesita adaptaciones. El que toma medicación. El que vive con dolor crónico. El que acaba de parir. El que atraviesa la menopausia. El que no encaja en el modelo que llevamos décadas viendo utilizado para vender sexo.

La campaña de 2026 presta atención precisamente a colectivos y etapas que muchas veces han quedado fuera de las conversaciones sobre sexualidad: personas mayores, personas con discapacidad, personas con enfermedades crónicas, embarazo y posparto, menopausia y perimenopausia, entre otras realidades.

Y quizá necesitábamos recordarlo.

Porque Internet puede hacer parecer que para tener una vida sexual satisfactoria necesitas veinte años, abdominales, iluminación cálida y unas sábanas que jamás se arrugan.

Por suerte, la realidad tiene bastante más variedad.

Poder decir «sí» importa. Poder decir «no» también

Tener una buena salud sexual tampoco significa tener muchísimo sexo.

Ni tener pareja.

Ni masturbarse cinco veces por semana.

Ni probar juguetes.

Ni cumplir una lista de prácticas para demostrar lo sexualmente liberado que eres.

Una sexualidad saludable implica poder tomar decisiones sobre el propio cuerpo.

Eso incluye disfrutar del sexo.

Y también no quererlo.

Probar BDSM.

Y decidir que no te interesa.

Tener varias parejas consensuadas.

O preferir una.

Explorar una fantasía.

O descubrir que funcionaba mucho mejor dentro de tu cabeza.

La libertad sexual pierde bastante sentido cuando simplemente sustituimos unas obligaciones por otras.

Y sí, el placer cuenta

Durante mucho tiempo la educación sexual se ha explicado principalmente desde el peligro.

No te quedes embarazada.

No contraigas una infección.

No hagas esto.

Ten cuidado con aquello.

Información necesaria, desde luego, pero insuficiente.

Si explicamos cómo evitar las consecuencias negativas del sexo pero nunca enseñamos a reconocer el deseo, comunicar límites, conocer el propio cuerpo o buscar placer de manera consensuada, estamos enseñando a la gente a protegerse durante una actividad que prácticamente hemos fingido que nadie realiza porque le gusta.

Y eso tiene algo de absurdo.

La salud sexual también consiste en poder preguntarse:

¿Qué me gusta?

Y tener las herramientas suficientes para descubrir la respuesta.

Quizá hoy sea un buen día para hacerse algunas preguntas

No necesitas celebrar el Día Mundial de la Salud Sexual organizando una conferencia internacional.

Puedes empezar por algo bastante más sencillo.

Preguntarte cuándo fue la última vez que hablaste realmente de sexo con tu pareja.

Pensar si hay algo que llevas meses queriendo preguntar a un profesional sanitario.

Revisar cuándo te hiciste tu última prueba de ITS si tu situación sexual lo aconseja.

Comprar de una vez ese lubricante.

Leer sobre esa práctica que te produce curiosidad antes de probarla.

Hablar sobre límites.

Reconocer que algo te duele y que no deberías resignarte a ello.

O atreverte a decir en voz alta algo mucho más sencillo:

Esto me gusta.

Porque cuidar nuestra sexualidad no consiste únicamente en evitar problemas.

También consiste en conseguir que aquello que hacemos con nuestro cuerpo sea realmente nuestro.

Y, siempre que sea consensuado, seguro y deseado, poder disfrutarlo.


Esto es todo por hoy.

Esperamos que os haya gustado y, sobre todo, que después de leer esto nadie vuelva a pensar que la salud sexual consiste únicamente en saber poner un preservativo sobre un plátano sin romperlo. Aunque, oye, si aquello del instituto os salió fatal, tampoco pasa nada: hay segundas oportunidades.

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Y, ya que estamos hablando de salud sexual, cuidad el cuerpo, cuidad los límites y cuidad también ese pequeño detalle de disfrutar de vez en cuando. Que para una vez que el cuerpo nos pide algo divertido, tampoco vamos a llevarle la contraria.

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