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BDSM sin drama: cómo poner límites sin cargarte la fantasía


Cómo ha costado escribir el artículo de hoy. Habrás notado que he estado varios días sin escribir; aparte de estar ocupada, me ha costado decidir si debía hablarte ya o no del tema que voy a tratar. Al final caí en la cuenta: era el único tema posible para poder seguir con la guía. Explicara lo que explicara, iba a acabar contándote esto. Así que, vamos allá.

La imagen de hoy la he buscado más a conciencia que nunca. El temario lo he llamado “Compromisos”, pero en realidad voy a escribir, palabra por palabra, todo lo que concierne a Límites y Contratos. Dos aspectos muy importantes y vitales, casi tanto como la seguridad.

Lo que no tengo claro es cómo explicarlo sin que te asustes ni volvamos a esas imágenes raras que a veces se tienen del BDSM.

¿Qué es un Límite?

El límite, como habrás leído mil veces en mi guía o cuando buscabas información (internet, libros, lo típico), es la palabra que usamos para señalar una práctica que nos supone alguna dificultad o directamente no queremos hacer. Ya sea por intensidad, por contexto o por lo que implica.

Los límites se clasifican de mil maneras. Cada cual tiene su sistema o lo ha heredado de otro. Yo voy a contarte el que usamos nosotros, que al final es lo que importa. En nuestro caso, un límite es todo aquello que no aceptamos, independientemente de si podría darnos placer o no.

Sin Límite
Todo aquello que no nos supone restricción alguna.
En nuestro caso:

  • Bondage
  • Uso de mordazas
  • Juguetes sexuales placenteros

Límite Positivo
Prácticas que pueden gustarnos más o menos, pero que aceptamos sin problema. No son un conflicto real.
En nuestro caso:

  • Puedo azotarle, siempre que al día siguiente no haya marcas visibles.
  • Puedo decidir cómo vestirle, pero solo dentro de casa.
  • Puede haber dolor, pero sin extremos.

Límite Negociable
Aquí viene la confusión habitual con el anterior. Sí, en los positivos también hay cierta negociación, pero en los negociables hablamos de cosas que solo se harían en situaciones muy concretas, no como norma.
En nuestro caso:

  • No quiero sesiones en grupo. Ahora mismo es un no, pero en algún momento, hablándolo mucho, podría cambiar.
  • Él no quiere sexo con hombres. Sin embargo, en momentos de excitación muy alta podría aceptar ciertas situaciones. Luego, en frío, ya no tanto.

Límite Absoluto
Esto es sencillo: no se hace. Bajo ningún concepto. Cruzarlo puede suponer parar la sesión o incluso la relación.
En nuestro caso:

  • Uso de agujas
  • Zoofilia

Hay más, claro, pero esto es para que te hagas una idea.

Prácticas Desagradables
No es un límite como tal. Es una categoría que usamos para diferenciar cosas que no nos gustan pero que aceptamos. Viene muy bien cuando juegas con la excitación del sumiso o cuando quieres negarle el orgasmo (sí, eso pasa).
En nuestro caso:

  • No soporta el control de orgasmos… pero lo acepta.
  • No aguanta estar mucho tiempo amordazado… pero lo acepta.

¿Qué límites puede haber?
Todos los que te imagines. Y cada vez aparecen más. No hay un “estándar” ni una lista oficial. Cada persona y cada relación es un mundo. Obviamente, una pareja sadomasoquista y yo no nos vamos a parecer en todo.

¿Cómo se controlan?
La forma más habitual es mediante acuerdos o contratos donde se deja claro qué sí y qué no.

¿Qué debes hacer tú?
Puedes hacer lo que quieras. Incluso buscar a alguien sin límites o que acepte que se los sobrepasen. Suena raro después de todo lo que te he contado, lo sé. A mí también me lo parece, pero hay gente así y tan contenta.

Mi recomendación: busca listados de prácticas, míralos con calma y decide qué te interesa como Ama, qué no, y qué aceptarías en tu futuro sumiso.

En mi caso, si mi sumiso no aceptara ningún tipo de azote, no estaría conmigo. Lo necesito. Y no, eso no me convierte en una sádica psicópata. Es un juego erótico, controlado y sin apenas dolor en la mayoría de casos.

En este artículo, expusimos ejemplos prácticos de listas y contratos, se ve de forma más visual la diferencia de límites, aceptación y excitación. Sin puntuaciones finales ni historias raras.

Te van a sorprender muchas prácticas. Algunas ni te las habías planteado. Y aquí la pregunta es sencilla: ¿las quieres en tu mente o no?

  • Sí → has descubierto algo nuevo.
  • No, pero te atrae → deja que madure, aprende más.
  • No, te desagrada → como en la película, que el viento se las lleve y punto.

Contratos

Aunque son bastante populares, no son obligatorios para practicar BDSM. Puedes hablar con tu pareja y ya está. Nadie te obliga a firmar nada.

Ahora bien, ¿qué pasa con las Amas Profesionales? Ahí cambia la cosa. Ellas sí usan contratos por seguridad: límites, alergias, condiciones… todo claro desde el minuto uno. Con sus parejas personales, puede que no.

¿Para qué sirve un contrato?
Piensa en la factura de la luz. Hay un contrato, ¿verdad? Pues aquí igual: un documento donde se establecen las reglas para que la relación funcione sin malentendidos.

¿Cómo encuentro uno?
No hace falta “encontrarlo”. Puedes usar modelos, sí, pero lo ideal es que cada pareja redacte el suyo desde cero. Será igual de válido para vosotros. A nivel legal… bueno, depende de muchas cosas y de quién lo mire.

¿Cuándo se hace?
No al principio. Primero hay que conocerse, probar, ver si encajáis. En nuestro caso, tardamos un año en hacerlo. Queríamos explorar bien nuestros límites antes de ponerlos por escrito.

Tengo contrato, ¿y ahora qué?
Ahora os conocéis mejor que nunca. Y, en teoría, sin sorpresas. Así que sí: a disfrutar.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado.
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