Femdom para principiantes: 5 claves para empezar

Como ya hablamos en otro artículo, para iniciarse en el Femdom tu mayor herramienta ya la tienes: tú. No es un látigo, un collar ni un contrato por escrito. Es tu eje central, tu mente, tu cuerpo y tu forma de manejar el poder sin parecer una mala imitación de una película de dominación barata. Ahora bien, ¿qué hacemos con esa herramienta? He aquí un resumen de 5 pasos, con un poco de canallismo, un toque de humor y cero impostura.

1. Tú tienes el control

Sí, vale, ya lo has leído mil veces, pero repetimos: tú decides qué sientes, qué piensas y qué te apetece hacer en cada sesión. Nadie puede obligarte a hacer nada que te dé respeto, miedo o asco. Y tú, a su vez, no puedes obligar a nadie a aceptar algo que no ha pactado, ni siquiera si te lo suplica encantado.
Disfruta. Suéltate.
No te compares con ninguna Ama que hayas visto en TV, series, o porno rituales donde las dominas parecen diseños 3D de Photoshop: investiga, lee, prueba cosas, sin miedo a que no te gusten. Y habla, que es gratis y efectivo.
Di a tu compañer@ qué vas a hacer, por qué te nace hacerlo, y después, cuando terminéis, sentaos a hablar como gente adulta que no se esconde detrás de un “todo fue perfecto, nada que decir”.

Ejemplo: Lo tienes atado a la cama. Está temblando, nervioso, excitado, o una mezcla de todo.Puedes acercarte, mirarle fijamente y decir: “Voy a masturbarte todo el tiempo que yo quiera. No puedes correrte hasta que yo te lo diga. Si es que te lo permito.”

Con eso le das a entender que tú mandas, que la sesión es tuya, que tú decides hasta qué punto le torturas… o hasta qué punto le consientes. Tú eliges. Y si tú te diviertes, él también se divertirá, aunque luego se queje en broma: “¿de verdad has tenido que hacerme eso?” Spoiler: sí.

2. Disfruta (y si no, para)

Vamos a aclarar una cosa que muchos blogs no se atreven a decir: el BDSM, bien practicado, no es malo para la salud mental, ni física, ni para tu relación. Lo que es malo es hacerlo con miedo, a medias, o con la excusa de “a ver si es que esto es lo que me falta”. Olvídate de pensamientos como: “Vale, esto le gusta a él/ella, y yo solo lo hago porque la amo…”
Si empiezas por eso, el fracaso está asegurado. Lo que hagas tiene que gustarte a ti.
Si te gusta azotar suave, azotas.
Si te gusta jugar con sus erecciones, juegas.
Si te gusta hacerle cosquillas maliciosas, lo haces.
Si te gusta que te lama de arriba abajo mientras tú decides si le tocas o no, pues hazlo.
Si no te gusta, no lo hagas.
Simple, pero efectivo.

3. Los “no” que merecen la pena

  • No hagas BDSM solo para complacer a tu pareja. Complácete a ti. El BDSM no es una “tarea de pareja voluntaria” que hay que hacer por solidaridad.
  • No te obligues a hacer algo si no estás de humor. Punto. Si un día no te apetece, no lo hagas.
  • No te dejes dominar desde abajo. Que tu pareja, atado, mordazado o emocionado, intente manipularte psicológicamente es inadmisible. Tú mandas. Si no te gusta, se para la sesión.

4. Diviértete (y si no te diviertes, aun mejor para parar)

Busca las reacciones. De ambos, de uno solo, o de las dos cosas. Experimenta, juega, prueba, retírate, vuelve a empezar. Puedes parar cuando quieras, y tu sumiso/a lo sabe.
No hay un reloj oculto que marque “tiempo mínimo de escena”. Una sesión puede durar quince minutos, una hora, o dividiéndose en trocitos a lo largo del día.
Cuando tú sientas que ya estás lista, dilo: “Estoy lista para terminar.”

Y, si quieres, regálale un último deseo. Que te pida algo, que se queje, que te ruegue.
Y tú decides si se lo concedes o si lo dejas colgado, literal o metafóricamente.
A mí, por ejemplo, me encanta decir que no a sus caprichos. Me divierte su frustración sana, y al final acabamos abrazados, riéndonos, con más complicidad que antes de la sesión.
Fastidiarles un poco, siempre con cariño, no es pecado. Es arte.

5. Sé segura (y no solo porque te suene muy “de manual”)

La mayoría de los ejemplos que puse tienen varios niveles: para gente que empieza y para gente que ya sabe más, pero que quizá no ha pensado en esos detalles concretos.
Conoce bien a tu compañer@ de juegos.
Y, sobre todo, pacta una palabra de seguridad que te ayude a dormir tranquila por las noches. Si algo no funciona, si el dolor le sobrepasa o si la humillación le rompe la moral, que tenga la opción de decir: “¡Basta!”

En muchos contextos un “no, para” puede sonar como “sigue, me encanta”. Por eso se usan colores (rojo, negro) o palabras ridículas (plátano, compresa, legumbre, etc.) que no suenan a mandato, pero sí a advertencia.
Si tu pareja está amordazada o atada, pactad una señal física: un chasquido de dedos, tres golpes en la cama, un movimiento de manos, lo que os venga mejor.
Mientras la escena sea segura, todo el resto se puede convertir en un caos encantador.

Esto es todo por hoy.
Espero que te haya quedado claro que ser AMA no es asumir un personaje de serie de TV, sino descubrir cómo mandas tú, sin máscaras, con un poco de maldad y mucha honestidad.
Si quieres seguir por este camino, comenta qué te ha resonado más (y qué te da más miedo probar), comparte esta entrada y, si te sientes, cuéntame cómo te imaginas tu propia versión de “jefa de escena”.
Un minuto de tu tiempo y un clic de “compartir” nos ayudan mucho a seguir creciendo.

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