Menopausia y sexo: se acaba la regla, no las ganas de follar

Hay una extraña teoría colectiva según la cual la sexualidad femenina funciona aproximadamente así: descubres el sexo, pasas unas décadas intentando no quedarte embarazada y, en algún momento alrededor de los cincuenta, aparece un sofoco, desaparece la regla y los genitales solicitan educadamente la jubilación anticipada. Por supuesto, no funciona así.

Hoy, 18 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Menopausia, una iniciativa de la International Menopause Society destinada a dar visibilidad a una etapa que, pese a afectar a aproximadamente la mitad de la población en algún momento de su vida, seguimos tratando demasiadas veces como si fuera una combinación incómoda de sofocos, abanicos y señoras enfadadas.

Y resulta que hay bastante más. En 2026, la campaña oficial está dedicada al dolor crónico en la mediana edad, poniendo el foco en algo que durante demasiado tiempo ha sucedido con muchos problemas de salud de las mujeres: acostumbrarnos a que duela, quitarle importancia y continuar.

Nosotros queremos aprovechar la fecha para hablar de otro asunto que también se normaliza con demasiada facilidad: el sexo cuando llega la menopausia. Porque puede cambiar. A veces mucho. Pero cambiar no significa desaparecer.

Antes de nada: la menopausia no ocurre una mañana de martes

Aunque solemos utilizar menopausia para referirnos a toda esta etapa, médicamente se confirma cuando han pasado 12 meses consecutivos sin menstruación, siempre que no exista otra causa que explique su ausencia.

Antes está la perimenopausia, una transición que puede durar años y durante la cual los niveles hormonales fluctúan, los ciclos cambian y pueden aparecer sofocos, alteraciones del sueño, cambios de humor, sequedad vaginal y otros síntomas.

La mayoría de las mujeres experimenta la menopausia entre los 45 y los 55 años, aunque existe bastante variabilidad. Lo importante es entender que no hay un interruptor. No pasas de «sexualmente funcional» a «cerrado por reformas» después de la última menstruación.

De hecho, algunas mujeres experimentan pocos cambios sexuales. Otras sí notan diferencias importantes. Y algunas descubren incluso ciertas ventajas que rara vez aparecen en las conversaciones sobre menopausia. Pero llegaremos a eso.

La sequedad vaginal no significa que ya no te excite tu pareja

Esta confusión puede hacer bastante daño. Durante la menopausia disminuyen los niveles de estrógenos y los tejidos genitales pueden hacerse más finos, secos y menos elásticos. Puede haber menos lubricación natural, irritación, sensación de quemazón o molestias durante la penetración.

El conjunto de estos cambios recibe el poco seductor pero bastante preciso nombre de síndrome genitourinario de la menopausia. Y aquí aparece uno de los malentendidos clásicos: «Ya no lubrico como antes. ¿Será que ya no me excito?» No necesariamente. Puedes estar perfectamente excitada y que tu vagina no produzca la misma lubricación que producía diez años antes.

Del mismo modo que una erección no constituye un polígrafo infalible del deseo masculino, la lubricación tampoco es una máquina detectora de calentura. El cuerpo cambia. Y la respuesta física no siempre refleja lo que está pasando por la cabeza. La sequedad vaginal y el dolor durante las relaciones están entre los síntomas reconocidos de la menopausia y pueden tener un impacto importante sobre la sexualidad y las relaciones íntimas.

Por eso quizá haya una compra bastante menos glamurosa que unas esposas nuevas, pero muchísimo más útil: un buen lubricante. Y no como último recurso cuando aquello ya parece una expedición atravesando el Sáhara. Puede formar parte del sexo desde el principio. Conviene elegir uno compatible con los preservativos y juguetes que se utilicen y evitar productos que provoquen irritación.

Porque añadir lubricante no significa que el sexo haya dejado de funcionar. Significa que alguien ha tenido la brillante idea de hacerlo más cómodo.

El sexo no debería doler porque «ahora tienes una edad»

Esto merece escribirse grande. El dolor durante el sexo no es un impuesto obligatorio de la menopausia. Puede aparecer, sí. Pero tener que apretar los dientes hasta que termine la penetración no debería convertirse en la nueva definición de vida sexual adulta.

Además de lubricantes y humectantes vaginales, existen tratamientos médicos para determinados síntomas genitourinarios. Las guías clínicas de NICE, por ejemplo, recomiendan valorar estrógenos vaginales para los síntomas asociados a la menopausia y contemplan alternativas no hormonales cuando estos no se desean o no resultan adecuados.

Eso no significa comprar hormonas por Internet después de leer tres párrafos. Significa que si la sequedad, la irritación o el dolor están afectando a tu vida sexual, merece una consulta sanitaria. Porque puede haber opciones.

Y porque no todo dolor genital después de los cincuenta tiene necesariamente que atribuirse a la menopausia. Especialmente si aparece sangrado después de la menopausia, incluso tras mantener relaciones sexuales, hay que consultar con un profesional sanitario. Nada particularmente excitante en esta parte. Pero bastante importante.

¿Y qué pasa con las ganas?

Aquí las cosas se vuelven mucho más interesantes. La libido puede disminuir durante la menopausia. También puede aumentar, desaparecer durante una temporada y regresar después, o seguir exactamente igual. Porque el deseo sexual nunca ha dependido exclusivamente de una hormona.

Influyen los cambios hormonales, desde luego, pero también el sueño, el estrés, determinados medicamentos, la autoestima, las relaciones, la salud mental, las enfermedades, el dolor y algo tan sofisticado científicamente como estar completamente agotada después de llevar despierta desde las cuatro de la mañana porque tu cuerpo decidió organizar un festival tropical debajo del edredón.

El NHS recuerda que existen muchas posibles causas de pérdida del deseo y que alrededor de la menopausia pueden intervenir tanto los cambios hormonales como el malestar físico, la imagen corporal o las dificultades de pareja. Por eso reducirlo todo a «me faltan hormonas» puede ser demasiado sencillo.

A veces lo que falta es sueño. O intimidad. O tiempo. O sexo que realmente apetezca repetir.

Y hay otro detalle que suele olvidarse: no existe una cantidad obligatoria de deseo sexual que debas conservar a ninguna edad. Si te encuentras bien con tu vida sexual, no tienes que perseguir una libido determinada para cumplir las expectativas de nadie. Si los cambios te preocupan o te hacen sufrir, entonces sí merece la pena buscar ayuda.

El orgasmo tampoco tiene fecha de caducidad

Hay buenas noticias. La menopausia no desactiva el clítoris. Ni existe una notificación administrativa que diga: «Estimada usuaria: lamentamos comunicarle que su último orgasmo válido se produjo el pasado jueves.»

La respuesta sexual puede cambiar y algunas mujeres necesitan más tiempo o una estimulación diferente para alcanzar el orgasmo. También pueden aparecer cambios en la excitación o en la sensibilidad. Pero tener orgasmos continúa siendo perfectamente posible.

Y aquí los juguetes sexuales pueden pasar de ser «algo divertido para probar» a convertirse también en estupendos aliados. Un vibrador permite mantener una estimulación constante durante más tiempo sin convertir la muñeca de nadie en una víctima colateral. Eso sí, la intensidad debe resultar agradable, especialmente si existe sensibilidad o irritación genital.

La penetración tampoco tiene por qué seguir siendo el centro de todas las relaciones sexuales. Clítoris, sexo oral, manos, juguetes, masturbación mutua, masajes, fantasías, bondage, dominación, sumisión… La sexualidad siempre ha sido muchísimo más grande que introducir un pene en una vagina.

Curiosamente, algunas personas necesitan llegar a esta etapa de la vida para descubrirlo.

¿Y el BDSM después de la menopausia?

Exactamente donde estaba antes: si apetece, en el dormitorio. Una mujer no entrega automáticamente el látigo cuando deja de menstruar. Las fantasías, el kink, la dominación, la sumisión, los fetiches o el deseo de experimentar no pertenecen exclusivamente a los veinteañeros con una cuenta de FetLife.

Ahora bien, si el cuerpo cambia, el juego también puede necesitar ajustes. Si una penetración profunda que antes resultaba fantástica empieza a ser incómoda, se cambia. Si hace falta más lubricante, se utiliza. Si determinadas posturas dejan de funcionar, se buscan otras.

Si una sesión necesita pausas distintas, se hacen.

Y si hay molestias articulares, dolor crónico o cambios en la sensibilidad, conviene tenerlos presentes al negociar límites, posturas, inmovilizaciones y prácticas de impacto. Aguantar dolor no deseado para demostrar que se sigue siendo la misma persona de hace veinte años es una competición bastante absurda. Eso no es «sexo peor».

Es exactamente lo mismo que llevamos haciendo toda la vida sexual: descubrir qué funciona con el cuerpo que tenemos ahora, no con el que teníamos hace quince años. Y quizá precisamente ahí haya una oportunidad interesante. Porque una buena vida sexual nunca debería consistir en repetir eternamente aquello que funcionaba a los treinta.

Hay cosas de la menopausia que también pueden mejorar el sexo

Esto se cuenta bastante menos. Cuando la menopausia ya se ha establecido, desaparecen las menstruaciones. Para algunas personas desaparece también buena parte de la preocupación por un embarazo, aunque durante la perimenopausia todavía puede existir riesgo y sigue siendo necesaria la anticoncepción hasta que se cumplan los criterios médicos para dejarla.

Los hijos, si los hay, pueden ser mayores. Puede existir mayor conocimiento del propio cuerpo, menos vergüenza y bastante menos paciencia para mantener relaciones sexuales mediocres simplemente porque «es lo que toca». Y esa última puede ser una magnífica adquisición.

No existe ninguna garantía de que el sexo mejore con la edad. Pero tampoco existe ninguna razón para asumir que tenga que empeorar inevitablemente. El cuerpo cambia. La sexualidad puede cambiar con él.

Y quizá parte del problema sea que hemos hablado durante décadas de la menopausia exclusivamente como una lista de cosas que se pierden.

La regla. Los estrógenos. La fertilidad. La juventud, como si esta tuviera que ser el único momento interesante de la vida. Rara vez preguntamos qué aparece. Más conocimiento. Más experiencia. Más capacidad para decir que no. Y, con bastante suerte, bastante menos miedo a decir claramente: Así sí me gusta.

La menopausia tampoco protege de las ITS

Aquí toca estropear brevemente la fiesta. Una vez establecida la menopausia natural, el embarazo espontáneo deja de ser una preocupación habitual. Las infecciones de transmisión sexual, no. Puedes seguir adquiriendo una ITS mediante relaciones vaginales, anales u orales.

Además, los cambios en los tejidos genitales pueden aumentar la fragilidad y favorecer pequeñas lesiones durante la penetración. Así que conocer a alguien maravilloso a los 55 y descubrir que ya no puedes quedarte embarazada no convierte automáticamente el preservativo en una curiosa reliquia histórica.

El sexo seguro tampoco se jubila.

Quizá el problema nunca fue la menopausia, sino cómo hemos hablado de ella

Durante muchísimo tiempo hemos representado la menopausia como el momento en que una mujer deja de ser fértil. Y casi hemos dejado la frase ahí. Como si después hubiera créditos finales. Pero una persona puede pasar décadas de su vida después de la menopausia.

Décadas enamorándose. Masturbándose. Teniendo pareja. Separándose. Descubriendo juguetes. Descubriendo que odia determinados juguetes. Teniendo orgasmos. Probando cosas. Dejando de hacer otras. Descubriendo fantasías nuevas. O simplemente disfrutando de un sexo mucho más tranquilo y muchísimo mejor.

La propia Organización Mundial de la Salud reconoce que el bienestar sexual durante la menopausia continúa siendo un aspecto desatendido de la atención sanitaria y que problemas frecuentes como la sequedad vaginal o el dolor durante las relaciones pueden quedarse sin tratar.

Quizá por eso merece la pena utilizar este 18 de octubre para recordar algo bastante menos solemne que cualquier lema institucional: La menopausia puede terminar con la menstruación.

No tiene por qué terminar con el deseo. Ni con el placer. Ni con los orgasmos. Y desde luego no obliga a nadie a colgar las esposas.

Gracias por acompañarnos en este pequeño ataque a uno de los mitos sexuales más persistentes. Si has vivido esta etapa, la estás atravesando o compartes tu vida con alguien que la vive, nos encantará leer tu experiencia en los comentarios. Y si conoces a alguien que todavía cree que el sexo caduca a los cincuenta, compártele el artículo. Igual le ahorramos un disgusto. O le damos unas cuantas ideas.

Fuentes y referencias

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