Los orgasmos múltiples tienen una fama parecida a la de los fuegos artificiales: todo el mundo ha oído hablar de ellos, algunos aseguran haberlos vivido y otros piensan que son poco menos que una leyenda urbana.
La realidad es bastante menos misteriosa. Existen, pueden aprenderse y no son exclusivos de un único tipo de cuerpo. Eso sí, requieren paciencia, conocer cómo responde cada persona y olvidarse de la idea de que el placer siempre funciona igual.
1. ¿Qué son exactamente los orgasmos múltiples?
Los orgasmos múltiples son una sucesión de orgasmos separados por intervalos muy cortos, desde unos segundos hasta unos pocos minutos. No tienen por qué sentirse iguales: algunos son intensos y explosivos, mientras que otros aparecen de forma más suave y progresiva.
Más que una única explosión de placer, suelen parecer una serie de olas que suben y bajan, cada una con una intensidad y unas sensaciones diferentes.
2. Sí, las personas con pene también pueden tenerlos
Existe la creencia de que los orgasmos múltiples son exclusivos de quienes tienen vulva, pero no es cierto.
La clave está en comprender que orgasmo y eyaculación no son exactamente lo mismo. Aunque habitualmente ocurren juntos, son procesos diferentes y, con práctica, algunas personas consiguen experimentar orgasmos sin eyacular. Esto permite disfrutar de varias experiencias orgásmicas sin que el cuerpo entre inmediatamente en el periodo refractario.
Como ocurre con cualquier habilidad relacionada con la sexualidad, requiere práctica, conocimiento del propio cuerpo y mucha paciencia.
3. El periodo refractario no siempre pone punto final
Después de eyacular, muchas personas con pene experimentan un periodo refractario durante el cual resulta complicado volver a excitarse o alcanzar otro orgasmo.
Sin embargo, cuando el orgasmo no va acompañado de eyaculación, ese tiempo de recuperación puede reducirse considerablemente o incluso evitarse en algunos casos.
En las personas con vulva no existe un periodo refractario comparable. Por eso, mantener una estimulación agradable, adaptando el ritmo y la intensidad tras el primer orgasmo, puede favorecer la aparición de nuevas oleadas de placer.
4. Paciencia, práctica… y edging
No existe una fórmula universal para conseguir orgasmos múltiples. Cada cuerpo responde de manera distinta y descubrir qué funciona forma parte del proceso.
Una de las técnicas más conocidas es el edging o control del orgasmo. Consiste en acercarse al clímax, detener o reducir la estimulación justo antes del punto de no retorno y volver a comenzar una vez disminuye la intensidad.
Con cada repetición aumenta la excitación y, además, se aprende a reconocer mejor las señales que envía el propio cuerpo.
Lo más importante es no obsesionarse con el resultado. Convertir el número de orgasmos en un objetivo suele generar justo el efecto contrario. La curiosidad, la relajación y el disfrute del proceso suelen ofrecer mejores resultados que cualquier presión por «conseguirlo».
Los orgasmos múltiples no son un superpoder reservado para unos pocos, ni una obligación para disfrutar del sexo. Son simplemente una posibilidad más dentro de la enorme diversidad de respuestas sexuales que puede experimentar el cuerpo humano. Si llegan, estupendo. Y si no, tampoco pasa absolutamente nada: el placer no se mide por el número de orgasmos, sino por lo mucho que disfrutas del camino.
Y esto es todo por hoy. Esperamos que este artículo haya despejado alguna duda… o despertado alguna curiosidad. Si después de leerlo acabas investigando un poco más sobre tu propio cuerpo, misión cumplida. Y si además compartes el artículo, prometemos no preguntarte cuál de los dos motivos fue el verdadero.
